Recibe una herida de bala y sufre las consecuencias 14 años después

Radiografías revelaron que el proyectil quedó encajado en la parte posterior de su fémur, cerca de la articulación de la rodilla y nunca fue retirado.

Sucesos del Mundo - 21/12/2018

Un hombre de 46 años se remitió a la sección de urgencias de un hospital en Chicago (Illinois, EE.UU.), quejándose de un dolor en su rodilla izquierda. Para su sorpresa, una bala que había permanecido alojada en uno de sus huesos durante más de una década era la responsable de su problema.

Este inusual caso clínico fue dado a conocer este jueves en la Revista The New England Journal of Medicine. Según se explica, el paciente fue víctima de un disparo en una rodilla catorce años atrás. Las radiografías revelaron que el proyectil quedó encajado en la parte posterior de su fémur, cerca de la articulación de la rodilla y nunca fue retirado.

Con el paso del tiempo, la bala fue desintegrándose en pequeños fragmentos que entraron en el tejido que recubre la rótula, alrededor de toda la articulación y en el líquido sinovial. Los estudios de laboratorio detectaron una anemia microcítica (glóbulos rojos más pequeños y con menos hemoglobina) y un elevado nivel de plomo, pero sin otros síntomas de intoxicación.

Radiografías que revelan los restos metálicos de la bala alojada dentro de la articulación de la rodilla izquierda. / New England Medicine

Finalmente, el paciente fue sometido a una terapia con fármacos para eliminar los residuos de plomo de su flujo sanguíneo. Estaba planeada una cirugía para remover los fragmentos metálicos, pero el hombre abandonó el hospital antes de tiempo y desapareció.

De acuerdo con el médico Michael Schindlbeck, especialista en emergencias y coautor del reporte, nunca había visto una lesión igual. Aunque se desconoce por qué la bala estaba ahí, esa situación "es más una norma que una excepción para los cirujanos traumatólogos". "Tratar de quitarla puede empeorar la herida", aseguró el experto a The New York Times.

Sin embargo, Schindlbeck subraya que una excepción a esa regla es un proyectil alojado en una articulación tan grande como la de la rodilla. Entonces, la eliminación debe ser inmediata, ya que el plomo que contienen puede ser absorbido y provocar un grave envenenamiento sintomático.

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